Ve a tus clientes sólo cuando la visita valga la pena. Los distribuidores tienden a dejarse llevar por la rutina de las visitas. En otras palabras, a gastar mucho tiempo en esa actividad, sólo por hábito. Por ejemplo, ver a un determinado clientes todos los martes a las 10 de la mañana, no porque sea necesario, sino porque es la costumbre. Es la tentación de la rutina.Para superar esa tendencia, ten siempre un motivo para cada ocación. Asegúrate de que tienes algo importante de que hablarle. Si no es así, más bien no lo visites. Trae siempre algo que valga la pena, para ir creando confianza.
Después de un tiempo, se darán cuenta de que tú no les malgastas el tiempo. Y el tiempo es la mercancía más importante del siglo XXI. Es lo más impotante que tienen tus clientes.
Respeta el tiempo de ellos y ellos te darán su confianza.
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